IBM: el dilema de canibalizarse a uno mismo en plena era de la inteligencia artificial
Published on 07/25/2026 at 19:11 | Redaktion boerse-global.de
La paradoja que sacude a IBM tiene un nombre técnico: crowding-out inducido por la inteligencia artificial. El mismo fenómeno que debía impulsar su transformación se ha convertido en el principal lastre de sus cuentas. El 14 de julio, el mercado recibió una advertencia preliminar de beneficios que desencadenó el mayor desplome en una sola jornada de los 115 años de historia de la compañía, con una caída del 25%. El golpe se confirmó el 22 de julio con la publicación oficial de los resultados del segundo trimestre.
Los números hablan por sí solos. IBM registró un beneficio ajustado por acción de 2,93 dólares, frente a los 2,97 dólares que esperaban los analistas. Los ingresos alcanzaron los 17.160 millones de dólares, por debajo de los 17.580 millones proyectados. El beneficio neto descendió hasta los 2.170 millones de dólares en comparación interanual. Pero lo que realmente alarmó a los inversores fue el comportamiento de la división de infraestructuras, que se contrajo un 7% hasta los 3.840 millones de dólares, con un desplome del 42% en el negocio del mainframe Z.
El mecanismo que explica esta debacle es casi irónico. Según explicó el consejero delegado, Arvind Krishna, los clientes empresariales reasignaron sus presupuestos trimestrales en las últimas semanas de junio para asegurarse servidores, almacenamiento y módulos de memoria antes de que los componentes escasos se encarecieran. En otras palabras, la fiebre por la infraestructura de IA —GPUs, almacenamiento de alto rendimiento— está canibalizando las partidas que tradicionalmente iban a parar a los mainframes, el software y la consultoría de IBM.
Los analistas describen a una compañía atrapada en una tenaza. Un observador señala que las empresas están aplazando las actualizaciones de sus mainframes, algo inusual tratándose de sistemas considerados críticos para el negocio. Otro añade que el efecto es doble: no solo golpea al hardware y la infraestructura, sino que arrastra consigo las ventas de software, ya que tradicionalmente los mainframes tiran de las licencias. Kirk Materne, de Evercore ISI, matiza que la reacción del mercado es excesiva si se interpreta como una debilidad estructural del sector del software, y la circunscribe a un problema específico de IBM.
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Sin embargo, no todo son malas noticias. El segmento de software creció un 5% hasta los 7.760 millones de dólares. Red Hat avanzó un 11% y la división de software de datos se disparó un 19%. La infraestructura distribuida repuntó un 37%, compensando parcialmente el descalabro del mainframe. El flujo de caja libre se mantiene como un ancla de estabilidad: la compañía reafirmó su previsión de que aumentará en aproximadamente 1.000 millones de dólares respecto al año anterior, una promesa que cobra especial relevancia con una volatilidad anualizada del 85% en los últimos 30 días.
El viernes, la acción cerró en 188,38 euros, con un repunte del 3,74% que algunos interpretan como el inicio de una estabilización. Pero la fotografía completa es menos halagüeña: en 30 días acumula una caída del 18,63% y desde enero pierde un 27,52%. El máximo de 52 semanas, alcanzado el 1 de junio en 292,85 euros, queda un 36% por encima del precio actual. El RSI de 14 días se sitúa en 35,5, rozando el umbral de sobreventa sin haberlo traspasado aún.
Krishna aseguró que aproximadamente un tercio de los contratos aplazados del segundo trimestre se cerraron ya en julio, lo que sugiere un problema de calendario más que una pérdida estructural de negocio. Aun así, la dirección recortó sus previsiones de crecimiento de ingresos para 2026: del 5% que proyectaba en abril a una horquilla del 4% al 5% a tipos de cambio constantes.
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Mientras el mercado digiere estas cifras, IBM ha movido ficha en el tablero del futuro. El 23 de julio anunció la adquisición vinculante de HRL Laboratories, un centro de investigación propiedad conjunta de Boeing y General Motors especializado en qubits de espín de silicio. El objetivo es acelerar su hoja de ruta en computación cuántica, que prevé lanzar un sistema tolerante a fallos bautizado como Quantum Starling en 2029. La operación, que debería cerrarse antes de que termine el tercer trimestre de 2026, refleja la apuesta de IBM por posicionarse más allá del negocio tradicional de mainframes.
El precio medio objetivo de los analistas se sitúa en 231,11 euros, lo que representa un potencial alcista del 22,7% desde los niveles actuales. Pero para que ese escenario se materialice, el mercado deberá convencerse de que la revisión a la baja de las previsiones es un ajuste puntual y no el síntoma de un desplazamiento permanente de los presupuestos empresariales hacia la infraestructura de IA. La acción, con un 52% de caída desde su máximo anual y una volatilidad que no da tregua, sigue cotizando esa incertidumbre minuto a minuto.
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