Nvidia: 85.000 millones de dólares en ofertas por sus bonos, pero 4.000 millones en ventas perdidas con China
Published on 06/16/2026 at 17:55 | Redaktion boerse-global.de
El gigante de los semiconductores Nvidia vive un momento de contrastes extremos. Por un lado, la compañía acaba de colocar una emisión de bonos por valor de 20.000 millones de dólares —la mayor de su historia— y ha anunciado un plan de recompra de acciones de 80.000 millones. Los inversores ofrecieron hasta 85.000 millones de dólares por esos títulos, una demanda que refleja la fe inquebrantable en el liderazgo de la inteligencia artificial. Por otro lado, Washington no consigue desbloquear las exportaciones de chips H200 a China, un mercado que podría aportar entre 3.500 y 4.000 millones de dólares anuales de ingresos. La paradoja no resta fuerza al valor, pero siembra incertidumbre bajo una superficie de calma aparente.
Los bancos Goldman Sachs, JPMorgan y Morgan Stanley han pilotado la colocación, y el dinero fresco se destinará a ampliar centros de datos y desarrollar la próxima generación de procesadores Blackwell. La recompra de acciones, la mayor de la historia del sector, refuerza la confianza del consejo en el potencial del negocio. La acción cotiza en torno a los 212 dólares en Estados Unidos, cerca de su máximo histórico, mientras que en la Bolsa de Fráncfort se sitúa en 181,00 euros, con un leve descenso del 1,17% en la jornada. El RSI de 49,4 indica una neutralidad total del mercado, y el precio roza su media móvil de 50 sesiones.
El principal lastre para la cotización sigue siendo el atasco regulatorio con Pekín. El Departamento de Comercio de EE.UU. abrió la puerta a la venta de chips H200 con licencias caso por caso: diez empresas chinas —entre ellas Alibaba, Tencent y ByteDance— recibieron luz verde, con un límite de 75.000 unidades por cliente. Sin embargo, desde entonces no se ha materializado ni un solo envío. El presidente Trump culpa a Xi Jinping por negarse a comprar, después de que la cumbre bilateral celebrada a principios de año no lograra ningún avance. Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, también estuvo presente en ese encuentro sin que se produjera un desbloqueo.
El cerco regulatorio se ha estrechado aún más en junio, cuando Washington amplió los controles de exportación a filiales extranjeras de empresas chinas. Ya no pueden adquirir chips prohibidos a través de sus subsidiarias, una práctica que durante un año se mantuvo en una zona gris. La propia Nvidia reconoció en su último informe trimestral ante la SEC que actualmente no puede ofrecer ningún producto competitivo para los centros de datos en China, porque los requisitos de ambos gobiernos son mutuamente excluyentes. Además, cada chip H200 importado a EE.UU. soporta un arancel del 25%, un coste que Nvidia difícilmente puede trasladar a los clientes.
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Mientras tanto, las empresas chinas avanzan con sus propias alternativas: Huawei, Alibaba y Baidu ya desarrollan procesadores de IA domésticos. El mercado parece ignorar esta asimetría. Los analistas fijan un precio objetivo medio de 257,80 euros para la acción, lo que implica un potencial alcista de casi el 43%. La recomendación mayoritaria es de compra, centrada en la demanda imparable de chips para inteligencia artificial. Pero ninguna de esas valoraciones incorpora el posible impacto positivo de una reactivación de las ventas en China, que Nvidia excluye de sus proyecciones actuales.
El entorno macro también juega a favor. Un acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha suavizado las tensiones inflacionistas, y la caída del precio del petróleo beneficia a todo el sector tecnológico. El Nasdaq Composite ha subido más de un 3% en las últimas jornadas. Con Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal, los inversores anticipan una política monetaria más paciente, lo que permite valoraciones más elevadas para títulos de crecimiento como Nvidia.
Pero el precio de ese crecimiento no es solo geopolítico. El último informe de sostenibilidad de la compañía revela que las emisiones indirectas de gases de efecto invernadero se han casi triplicado desde el ejercicio 2024, hasta alcanzar los 10,7 millones de toneladas de CO? equivalente. Nvidia subcontrata la fabricación de sus procesadores a socios en Taiwán y Corea del Sur, trasladando así su huella ecológica a los proveedores. Los críticos señalan que esto supone un riesgo reputacional creciente.
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La próxima cita clave para los accionistas será la junta general del 24 de junio. El equipo directivo tiene previsto ofrecer detalles sobre la nueva generación de chips Blackwell, que marcará el siguiente salto en capacidad de cálculo para inteligencia artificial. Con una cuota de mercado cercana al 80% en chips para IA, Nvidia sigue siendo el dominador indiscutible. La cuestión es si los inversores están descontando correctamente el atasco chino o si una eventual solución —ya sea en Washington o Pekín— provocará una revalorización abrupta de las expectativas. Hasta entonces, la acción se mantiene en un tenso equilibrio entre la euforia por la IA y la realidad de un negocio que deja sobre la mesa hasta 4.000 millones de dólares al año.
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