Nvidia: el giro hacia la inferencia y la apuesta de Burry definen el pulso del segundo semestre de 2026
Published on 07/01/2026 at 10:22 | Redaktion boerse-global.de
La paradoja que envuelve a Nvidia en 2026 es difícil de ignorar. La compañía acaba de registrar un trimestre récord —81.600 millones de dólares de ingresos, un 85% más que el año anterior— y acumula compromisos de entrega por valor de 124.000 millones de dólares, según desveló la directora financiera Colette Kress en la conferencia de Bank of America en junio. Sin embargo, la acción cotiza a 173,70 euros, un 10% por debajo de su nivel de hace un mes y un 13% por debajo del máximo anual de 202,50 euros alcanzado en mayo. El propio Jensen Huang ha reconocido públicamente que no logra conciliar ese retroceso con los fundamentales del negocio.
Esa divergencia entre los resultados operativos y la cotización tiene un nombre: el paso del entrenamiento de modelos a la inferencia. Huang ha declarado 2026 como el «año de la inferencia», una fase en la que los modelos de inteligencia artificial dejan de entrenarse para empezar a operar en el mundo real —respondiendo preguntas, generando contenido, impulsando agentes autónomos—. El mercado se pregunta si ese viraje diluirá la ventaja de Nvidia o, por el contrario, la multiplicará.
La apuesta bajista de Burry y las dudas sobre el ciclo
El escepticismo no solo se refleja en el precio. Michael Burry, el inversor que predijo la crisis de 2008, ha tomado posiciones cortas contra Nvidia y contra el sector de semiconductores. Compara la actual euforia con la burbuja de las puntocom. La Bank for International Settlements también ha alertado sobre los riesgos que pueden generar las inversiones masivas apalancadas en el sector, aún sin rendimientos garantizados. Un aviso que ya tuvo un precedente en Corea del Sur, donde la liquidación de ETFs apalancados provocó un desplome del 10% en el Kospi a finales de junio.
Pese a todo, el consenso de Wall Street mantiene un precio objetivo de 264,53 euros por acción, lo que implica un potencial alcista superior al 50%. El mercado técnico no muestra señales de pánico: el RSI se sitúa en 46,4 —zona neutral— y la cotización se mantiene un 6% por encima de su media de 200 días, situada en 164,03 euros. Desde enero, el avance acumulado es de apenas un 8%.
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La inferencia y la IA agéntica como multiplicadores de demanda
Nvidia defiende que el cambio de paradigma es, en realidad, una oportunidad. Colette Kress rebatió la idea de que los chips personalizados de los hyperscalers puedan convertir el hardware de Nvidia en un commodity: «Es justo lo contrario», afirmó. La inteligencia artificial agéntica —software que piensa y actúa por sí mismo— consume mucha más potencia de cálculo por tarea que un simple modelo conversacional. Un agente descompone un objetivo en pasos, usa herramientas, toma decisiones y monitoriza resultados de forma continua, lo que genera una carga de inferencia persistente.
Si la IA agéntica escala como prevé Nvidia, la demanda de potencia de cálculo, memoria, infraestructura de red y electricidad estable podría aumentar de forma considerable. La tesis alcista sostiene que la inferencia no sustituye al entrenamiento, sino que se suma a él.
Vera: la CPU que sortea el bloqueo chino
Para sortear las restricciones a la exportación que impiden vender en China los chips H200 de gama alta, Nvidia ha desarrollado Vera, una nueva CPU orientada a agentes autónomos de IA que, según informes, duplica la velocidad de las arquitecturas x86 tradicionales. Los clientes chinos podrán hacer pedidos a partir de agosto de 2026, y la compañía espera generar unos 20.000 millones de dólares de ingresos con este procesador hasta enero de 2027. Es un movimiento estratégico que demuestra cómo Nvidia se adapta a un mercado fragmentado donde el simple acceso a GPUs ya no basta.
La próxima plataforma: Vera Rubin, el catalizador que llega a final de año
La siguiente generación de plataformas, bautizada Vera Rubin, combinará las GPUs Rubin con las CPUs Vera. Según Nvidia, ofrecerá hasta 35 veces más rendimiento por vatio que la actual Blackwell. Está prevista para finales de 2026. La compañía estima que la demanda acumulada de los sistemas Blackwell y Vera Rubin superará el billón de dólares hasta 2027, el doble de lo proyectado el año anterior.
El escenario optimista pasa porque la demanda de IA agéntica se mantenga fuerte y Vera Rubin arranque según lo previsto, apuntalando márgenes y crecimiento. El escenario bajista, en cambio, contempla que los precios de alquiler de GPU sigan cayendo y que el gasto de los hyperscalers se normalice, comprimiendo al mismo tiempo los múltiplos de valoración y la tasa de crecimiento.
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Los límites físicos: energía y rotación sectorial
Mientras tanto, los inversores han empezado a rotar capital hacia otros segmentos del ecosistema semiconductor. Micron e Intel han ganado terreno en los últimos meses, y los fabricantes de memoria como SK Hynix y Samsung han anunciado inversiones conjuntas por más de dos billones de dólares en nuevos clústeres de chips. La demanda de memoria de alto ancho de banda (HBM) se ha disparado.
Pero el crecimiento choca contra una barrera tangible: la energía. Analistas de DBS Bank señalan el suministro eléctrico como el cuello de botella definitivo. La próxima generación de IA requerirá, según estimaciones, mil veces más potencia que la actual. La pregunta clave ya no es quién fabrica el chip más rápido, sino quién puede alimentar los centros de datos. Esa realidad estructural pesa sobre la cotización de Nvidia, que cotiza por debajo de su media de 50 sesiones.
Un segundo semestre de pruebas
La segunda mitad de 2026 se perfila como un examen decisivo. Nvidia deberá demostrar que la CPU Vera, el lanzamiento de Vera Rubin y su apuesta por la robótica y la IA agéntica compensan la presión de la rotación sectorial y las limitaciones energéticas. Los libros de pedidos están llenos —más de 124.000 millones de dólares en compromisos—, la plataforma está lista y el ciclo de inferencia acaba de comenzar. La cuestión, como resume el propio mercado, no es si Nvidia tiene los fundamentales, sino si los inversores están dispuestos a confiar en su propia lógica.
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