Oro: entre la mecha geopolítica y el freno de la Fed, el lingote se aferra a los 4.100 dólares
Published on 07/12/2026 at 14:23 | Redaktion boerse-global.de
El cierre de la oruga de Ormuz disparó el petróleo por encima de los 80 dólares el barril, pero el oro apenas se movió. La paradoja ilustra el pulso que domina al metal precioso: mientras una crisis geopolítica de primer orden debería impulsar la demanda de refugio, el temor a que la inflación obligue a la Reserva Federal a subir los tipos mantiene al lingote anclado en terreno negativo.
El viernes, la onza cerró en 4.127,60 dólares, prácticamente plana frente al jueves y un 1,43% a la baja en la semana. El soporte de los 4.100 dólares resistió, pero la distancia con el máximo de 52 semanas —5.626,80 dólares alcanzados en enero— se ha ensanchado hasta el 26,64%. Con respecto a la media de 50 días, en 4.365,48 dólares, el descenso es del 5,45%; frente a la media de 200 sesiones, en 4.539,11 dólares, la brecha alcanza el 9,07%. El RSI se sitúa en 44, sin señales de sobrecompra ni sobreventa, y la volatilidad anualizada sigue elevada, en el 27%.
La escalada en Oriente Próximo comenzó el fin de semana, cuando la aviación estadounidense atacó unos 140 objetivos militares en Irán como respuesta a los ataques de los Guardianes de la Revolución contra buques mercantes. Teherán replicó cerrando el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte crucial del suministro mundial de crudo. El Brent saltó por encima de los 80 dólares. Sin embargo, el oro no reaccionó al alza. La razón: el encarecimiento de la energía aviva el miedo inflacionista, lo que refuerza las expectativas de una política monetaria más restrictiva. Para un activo que no paga intereses, cada indicio de subida de tipos eleva el coste de oportunidad y contrarresta cualquier viento geopolítico de cola.
Ese viento en contra se materializó con claridad en la reunión de la Fed del 17 de junio. El banco central estadounidense mantuvo los tipos en el 3,50%-3,75% por cuarta vez consecutiva, con un voto unánime de 12-0. Fue la primera cita presidida por Kevin Warsh. Lo decisivo fue el diagrama de puntos: el tipo mediano a cierre de 2026 subió al 3,8%, lo que implica un alza de 0,25 puntos porcentuales. Nueve de los 18 miembros del FOMC esperan que los tipos terminen el año por encima del nivel actual; seis de ellos prevén dos subidas. En marzo, el consenso aún apuntaba a un recorte para este año y dos más hasta 2027. La Fed elevó además su previsión de inflación PCE para 2026 del 2,7% al 3,6%, mientras el IPC de mayo se situó en el 4,2%.
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Los mercados de futuros descuentan ya una probabilidad del 61% de que la Fed suba tipos en octubre. Si el IPC de junio, que se publica el martes, se mantiene por encima del 4%, la presión sobre la Fed se intensificará. El miércoles llegarán los precios de producción (PPI) y, a mediados de semana, la primera comparecencia de Warsh ante el Congreso. La siguiente reunión del FOMC está prevista para el 28 y 29 de julio, aunque sin nuevas proyecciones económicas.
Pese al telón de fondo restrictivo, el análisis técnico empieza a insinuar una posible estabilización. Tras marcar un mínimo en 3.942 dólares el 30 de junio, el oro dibujó un suelo más alto en 4.021 dólares, lo que sugiere que la demanda está apareciendo en la zona comprendida entre 3.940 y 4.040 dólares. La media simple de 20 sesiones, en 4.129,80 dólares, actúa como primera resistencia; una ruptura sostenida podría allanar el camino hacia los 4.200 dólares. Por debajo, el primer soporte se sitúa en 4.102 dólares, seguido de la banda de 4.000-4.050. Si ese piso cede, el mínimo de 52 semanas en 3.901,30 dólares quedaría al alcance. Los patrones estacionales apuntan a que, tras un primer semestre débil, el oro suele tocar fondo en junio o julio para iniciar una rally veraniego que puede prolongarse hasta septiembre u octubre, aunque el giro de la Fed pone en duda la repetición de ese patrón.
El flujo de capitales también refleja la división de fuerzas. Los ETF globales respaldados con oro físico registraron en junio salidas netas por valor de 8.900 millones de dólares, equivalentes a 74 toneladas. Norteamérica concentró el grueso de las ventas, con 5.500 millones de dólares; en el conjunto del primer semestre, la región acumuló desembolsos de 7.700 millones, el peor arranque desde 2013. Asia, en cambio, vivió un récord de entradas: 12.000 millones de dólares en el primer semestre. A nivel global, el balance semestral sigue siendo positivo, con 8.000 millones de dólares netos.
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Los bancos centrales no se sumaron a la venta. China incrementó sus reservas de oro por vigésimo mes consecutivo en junio, hasta 75,44 millones de onzas finas. Polonia adquirió 82 toneladas en el primer semestre de 2026. Esa demanda oficial, junto con la asiática, proporciona un piso que contrasta con la presión de los inversores institucionales occidentales.
La cita clave de la semana es el IPC del martes. Si el dato confirma que la inflación sigue por encima del 4%, la narrativa de tipos más altos se consolidará y el oro tendrá difícil superar la resistencia de los 4.130 dólares. Por el contrario, una sorpresa a la baja podría aliviar la presión y permitir que el metal recupere el terreno perdido, sobre todo si la crisis de Ormuz se enquista. El lingote sigue atrapado entre dos mundos, y solo un catalizador lo sacará de su letargo.
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